Wendy Iveth Chicas Ruiz
Wendy Iveth Chicas Ruiz nació en el barrio San pedro de la ciudad de Chapeltique a las 11 horas con quince minutos del día 24 de febrero de 1989. Sus padres son los ilustres, don Antonino Chicas, originario de Monagua, y doña Reina de la Paz Ruiz, oriunda de Chapeltique.
El nacimiento de Wendy, tres años antes de los acuerdos de Paz y durante la guerra civil que azotó al país desde antes de 1980 hasta 1992. Era un nacimiento esperado por sus progenitores, quienes por desgracia habían sufrido la perdida de su primer hijo varón. El primer hijo de don Antonino y doña Reina murió tiempo después de su nacimiento, hecho por el cual no recibió nombre alguno, mas que el que su madre y padre pensaban otorgarle.
Reina de la Paz dio a luz a Wendy un año después del fallecimiento de su primer hijo. Iveth era la hija que Reina y Antonino anhelaba, esperaban y soñaban, pese a su juventud. Don Antonio amaba su “Princesita” como a un tesoro del cielo, y eso nadie puede reprochárselo. A tal grado demostraba don Antonino amor a su pequeña que su esposa llegó a sentir celos de la Princesita. Mas aquellos sentimientos no alejaron ni aminoraron el cariño de madre a hija; sino que los cimentaron. Sin embargo era don Antonino quien mas amor profería por Wendy.
Antonino y Reina fueron vecinos desde muy temprana edad. Aquel debió ser amor a primera vista. Reina arrobaba con su sonrisa y gracia a Antonino, y él por su parte encantó a Reina. Desde sus once años, que fue el momento en que se conocieron, se sorprendieron mutuamente. Tres años mas tarde aun mas enamorados decidieron formar un hogar. Para don Antonino de 16 años de edad, tan sólo 2 años mayor que su mujer, la nueva situación no era muy prometedora.
Resolvieron, Antonino y Reina que fuese ella quien viajaría a Estados Unidos para conseguir, quizá, un mejor trabajo y recibir un sueldo que mantuviera a su familia y a ella. Otro de los objetivos de Reina era, claro está, ahorrar suficiente dinero como para poder construir su propia vivienda donde su esposo, ella y sus hijos pudieran vivir sin dependencia.
Antonino siguió los pasos de Reina tres años después. A todo esto la pequeña Wendy, abandonada del calor maternal a los dos años y medio, junto a su hermano menor de escasos meses de edad, y luego separada de su padre, quien tanto la quería, tres años después, fue catastrófico.
Desde entonces Wendy y su hermano vivieron en casa de su abuela paterna. Tanto el abuelo como la abuela de Wendy querían mucho a su hermano y a ella; pero nunca excedieron sus responsabilidades. En cuanto el hermano de Wendy pudo articular palabra y caminar por si solo, ella y su pequeño hermano pasaron largas horas jugando, riendo y cantando.
Los primeros pasos de Wendy fueron algo que sus padres festejaron, festejo que no duro mucho a causa de un accidente que sufriera la pequeña al intentar desafiar la ley de gravedad. Dejola ese accidente temerosa de retar de nuevo a la ley de gravedad, mas eso fue sólo por unos días. Ni eso evitó que a un año y medio después de haber visto al mundo Wendy diera sus firmes primeros, segundos, terceros... pasos. Libre del miedo y de prejuicios sobre la gravedad se aventuró a caminar sobre nuevas experiencias.
La primera compañera de juegos de Wendy fue Natali, su prima, quien vivía junto a ella en casa de su abuela. Natali, dos años mayor que Wendy, gustaba mucho de reír y reñir. Riñas que eran supervisadas por el padre de Natali y tío de Wendy. Él era quien arbitraba y quien al ver las desventajas físicas entre sobrina e hija, siempre se las arreglaba para que Wendy fuera la ganadora. A menudo reñían mas sus peleas no pasaban de lucha a cuerpo a cuerpo y abrazos de osos. Baste eso para probar de donde vienen la habilidad y destreza de Wendy por defender sus ideas ante otros.
Wendy asistió por primera vez a la escuela a los seis años. El primer grado es un grado difícil especialmente si consideramos que los compañeros han cursado la preparatoria, dándoles ellos cierta ventaja sobre alguien que no lo ha hecho. Eso, a pesar de todo no preocupó a Wendy, quien acudía alegremente a la escuela. Pasándosela de maravilla.
Natali cursaba tercer grado; Wendy primero, de modo que su amistad comenzó a acortarse lentamente; puesto que sólo se veían en los recreos. Contraria a la actitud tranquila, cautelosa y serena de Wendy a Natali le gustaba mucho tener amigos varones. A sus catorce años de edad se acompaño con su novio. Desde su noviazgo Natali perdió comunicación con Wendy, que zaherida por aquella separación sintió mucho su perdida. Perder al primer gran amiga es muy doloroso.
Antes del cumpleaños nueve de Wendy sus padres regresaron de los Estados Unidos. Con sus padres a su lado al fin la vida de ella fue mas llevadera y feliz.
La embelesaba el estar con sus padres así como le encantaba leer el cuento de “La Bella y La Bestia”, libro que le obsequio su madre y que por sus imágenes coloridas y divertidas atrapaban la atención de Wendy.
Compañeros de juego pueden haber muchos: pero mejor amiga solo una. La mejor amiga de Wendy ha sido su tía Mabel. Mabel, dos años mayor que Wendy, tomo la decisión de interrumpir sus estudios un año para luego ingresar al bachillerato junto a su sobrina, Wendy, con quien compartió muchas experiencias que fortalecieron los lazos de amistad que habían entre ellas. Mabel he estado soltera hasta la fecha pero pronto se casara, ojala eso aunado al estudio de Wendy no deteriore su amistad.
El inicio de la vida de Wendy es una secuencia de acontecimientos curioso que formaron y moldearon su personalidad. Uno de sus pasatiempos favoritos en su niñez era concurrir el rió que dista de su casa no mas de una cuadra.
Al hablar de su infancia Wendy es un poco escueta. Las palabras se queda cortas cuando relatamos nuestra vida y en ciertas ocasiones nos extendemos mas de lo debido. Wendy manifestó que son pocos los recuerdos que guarda de su infancia: “Mi infancia fue de abandono...” Wendy aclara que al decir “abandono” no se refiere a que sus padres la dejaron a la buena de Dios, que la aislaron o que se olvidaron de ella por completo; sino que casi ha olvidado su niñez.
Al parecer su infancia ha caído en el olvido e incluso Wendy ignora partes de su infancia. “Quiero decir-explica-que para mi es un tanto difícil recordar TODO, cuanto me sucedió de niña. Solamente conservo imágenes vagas y recuerdos borrosos en mi mente, ignoro algunas cocas que hacia y hasta he olvidado algunos de mis amigos.”
Vivir cerca de un rió es algo que marca la vida. De adulto en cada ocasión que veas un rió querrás recordar u olvidar que viviste tus días de inconsciencia bailando y jugando en un arroyo. Todo depende de lo que haya acaecido en el rió; de que tan amargas o geniales fueron tus ratos en él.
Wendy describe una de sus aventuras acuáticas, de su adolescencia.
“Era un día común y corriente de los que comienzan muy de madrugada, como cualquier día de verano. Mis amigos y compañeros de escuela y yo habíamos acordado que ese día iríamos al rió a nadar, bañarnos, jugar, refrescarnos y convivir al rió. Lo que nadie sospechaba (algo que solo yo sabia) era que yo no podía nadar muy bien y que me daba pánico pensar que podía morir ahogada. Pero como todo infante no le conté a nadie de mi limitación ni me preocupe de no acercarme a aguas profundas. De modo que en un momento de descuido me encontré en una pugna con el rió.
Había caído en aguas profundas y me hundía rápido. Sentía que mis pies no se sostenían en nada y mis mano no alcanzaban a coger algo de que asirme. Si me hundía ya no volvería a hacer las tareas de la escuela que tenia pendientes, ni siquiera iría a la escuela. Eso no me gusto. Mas me disgusto qui mi respiración se cortara a ratos y que el agua comenzara a colarse por mi nariz. Eso emparentado con la risa de mis amigos y parientes quienes consideraban lo que me sucedía como una broma, me lleno de angustia y desesperación. Los pocos segundos que mi cabeza desaparecía bajo el agua se hacia muy largos. Todos seguían pensando que yo fingía, como si alguna vez me hubiese prestado para ser motivo de risa. Como creían que podía salir a flote por mi misma no se preocupaban.
¡Que insistencia la de esa corriente! Pero fue mayor mi perseverancia. En un momento de vivacidad (fue como si una corriente de energía tocara mis pies y manos) logre empujarme hacia la orilla y salvarme.”
